solo sabe construir quien sabe terminar.
OT es una constructora. Pedían una identidad minimalista, pero con autoridad: que se viera en un casco, en una valla a treinta metros y en la etiqueta de una herramienta sin cambiar de carácter. Dos letras, un imagotipo muy versátil y un color naranja con mucha presencia.





El símbolo es el perfil de una casa, o un andamio, o un bloque, reducido a lo mínimo. Junto a él, «OT.» en una tipografía compacta, con el punto final como cierre. La franja de chevrones —el patrón de la cinta de obra— es el recurso que acompaña a la marca en todo lo que lleva ritmo: vallas, uniformes, papelería. Con una tinta funciona igual, que es la prueba que tiene que pasar una marca que va a vivir en cascos y hormigoneras.
Una constructora no se elige por su logotipo, pero sí se descarta por él. OT necesitaba proyectar seriedad y oficio sin caer en lo genérico del sector: ni el edificio en perspectiva ni el casco dibujado. Y la marca tenía que aguantar los soportes más duros que existen: lona, chapa, tela reflectante y la impresión a una tinta sobre diferentes superficies.
Minimalismo con autoridad. Quitar todo lo que no hace falta y dejar lo que se reconoce de lejos: dos letras, un perfil, un color. El naranja de la señalización de obra es el color de la marca porque es el color de su trabajo, y el azul marino le pone el peso de empresa. Auténtica porque no se disfraza de nada.
Las aplicaciones de marca, aquí estaba el encargo de verdad. Casco, chaleco, pullover, hormigonera, valla, malla, etiqueta de inventario, rotulado para los vehículos, cuño, bolígrafo, factura, pauta para redes sociales: cada punto donde la empresa toca a un cliente o a un operario. El sistema es el mismo en todos —símbolo, nombre, chevrones— y cambia solo el tamaño.










una obra terminada.
El primer café va por nosotros. Una marca clara no es una marca simple: es la que se entiende sin explicarla.

donde creatividad y estrategia se unen.